Con hilos de oro

Metida en un proyecto de repente me doy cuenta que un lado de mi rostro siente el calor de un abrazo, levanto la vista y volteo hacia la fuente de calor: unos rayos dorados que se despiden de un día que me atrevo a decir tuvo un poco de las cuatros estaciones del año en el corto lapso de luz del día al que ahora trato de acostumbrarme.

Empezó con frío, y aunque siguió fresco, el cielo se despejó un poco, unas cuantas horas después llovió justo cuando salía de la escuela y yo sin estar preparada con paraguas pero no duró mucho tiempo, hasta que al final aún con frío y más por la lluvia, las nubes empezaron a despejarse, dando como resultado en este paisaje.

Fue así como me di cuenta que el día se despedía de mi con sus hilos de oro abrazando la mitad de mi rostro. No pude más que aprovechar a devolverle la gracia inmortalizando ese momento.

Adiós señor Sol, espero pronto vuelva a abrazarme, no se moleste en avisar, sólo regrese…

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