Aprendiendo a volar

Camino al museo, vimos un halconcito caminando sobre la calle frente a la iglesia. De hecho primero pensé que era una paloma pero no tenía características de paloma. Fue la primera vez que vi un halcón. Pero era un bebé (definitivamente tenía el tamaño de una paloma ya adulta). Lo raro era que su cola arrastraba y como que le costaba caminar o volar. Nos acercamos lentamente para ver si estaba herida, pero no se le veía nada en las patas, en el cuerpo, alas o cola. Nuestra conclusión, junto con otra vecina que entraba a su edificio, fue que es un bebé y seguramente está aprendiendo a volar.

Fue impresionante ver que aunque caminábamos hacia él lentamente, él daba brinquitos como para alejarse, pero no podía agarrar el vuelo. Como que le faltaba impulso. Total que después de observarlo y percatarnos (sin tocarlo) de que no estuviera herido y buscando alrededor si estaba alguno de los padres (los cuales no se veían cerca), él se fue orillando y acercando a un arbusto hacia el patio de la iglesia.

Me dijeron que no es bueno tocarlos porque al hacerlo, pueden adoptar nuestro olor o el olor de loción, crema, comida, perfume o lo que sea que tengamos. Y esto no es bueno porque cuando los papás lo encuentren, no reconocerán su olor y podrían pensar que no es su hijo y abandonarlo.

Sólo espero que haya podido encontrar a sus papás rápido (o que sus papás lo hayan encontrado) y darle de comer antes de que él haya sido presa de algún gatito cazador.

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