Hace 7 años

El día de la bandera en México en 2008, yo estaba agradeciendo por una oración contestada. Dos semanas antes había enviado por correo electrónico a un “mailpal” alemán que había conocido en un grupo de jóvenes adventistas, una imagen de san valentín con dedicación amistosa, Nunca fue mi intención ni esperaba tener algo más. Pasaba por una mala racha por parejas anteriores por las que fui a parar a terapia (terapia que nunca terminé). Un mes antes, en mi depresión y sola, decidí orar y pedir a Dios que no me pusiera en frente a un hombre que no tuviera buenas intenciones y que al final me rompería el corazón. A mis 25 años ya no quería tener ni ser la novia, amante, juguete ni compañera íntima de alguien que al final decidiera (o él o yo) terminar la relación. Estaba harta. Es por eso que, al mandar una tarjetita electrónica con motivo de san valentín a un ser viviendo en otro continente, no tenía ni motivos ni propósitos de iniciar una nueva relación.

Actualmente, ese ser que vivía (y sigue viviendo) en ese lejano continente, es mi esposo y a veces confundo y al presentarlo o hablar de él sigo diciendo que es mi novio. Porque así lo siento. No me siento la “esposita” ni me trata como tal. Sigue siendo el novio atento, el novio que me dice cosas lindas y que me mira a los ojos como eterno enamorado y en voz alta y con actos me muestra y dice que me ama.

Hace 7 años mi oración fue contestada, todo empezó con un libro “Boy meets Girl” y a pesar de haber tenido una racha de confusión y que así como la distancia había creado un lazo tan fuerte de comunicación y sentimientos, así también los rompió. Con todos los libros leídos, conversaciones cortas y arreglos de flores había alguien persistente pero que a la vez respetaba mis decisiones. Pero acontecimientos, personas, conversaciones, destino, sentimientos y tiempo me ayudaron a decidir y hacer que esos lazos se reconstruyeran porque, la verdad, quedaban hilos fuertes que sostenían el listón deshilachado de ambos lados. No cometí errores, pero tomé decisiones que en mi sentir hasta hoy, son los que me llenan. No me arrepiento de ese tiempo de separación, de pausa, porque me hizo reconocer muchas cosas en mí, en él y en mi entorno.

Lo amo, y recuerdo ese veinticuatro de febrero (así como los meses anteriores) como si me hubieran pasado hace días. Son palpables, la diferencia es que cuando vuelvo al hoy, soy feliz, me siento amada y segura que ese “mailpal” estaba en el lugar y tiempo correctos.

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